La lluvia siempre fue, es y será uno de esos sucesos que me da ganas de encerrarme dentro de mí misma y no salir. El cielo gris, la humedad, la tristeza del paisaje conforman un panorama tan deprimente que la parte más antisocial y solitaria de mi forma de ser aflora con fuerza, casi obligándome a recluirme en ese mundo tan mío que sólo yo puedo entender. El sonido de las gotas cayendo se me antoja una melodía melancólica y hermosa, que me invita a sumergirme en esa telaraña pegajosa y atractiva de la reflexión interna. Palabras, miradas, sensaciones; recuerdos que inevitablemente se agolpan en mi mente, en una sucesión interminable. La lluvia sigue inundando las veredas y dentro mío me siguen inundando los recuerdos. Tic, recuerdo, tic, recuerdo. Ojalá nunca deje de llover.
Y la canción justa para hoy es:
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